UNE-EN 16005: la columna vertebral de la seguridad en nuevas instalaciones de puertas peatonales automáticas
04-02-2026
A lo largo de los últimos años, el sector de las puertas peatonales automáticas está experimentando un profundo, aunque silencioso, cambio. SI, durante décadas, el foco estuvo puesto en la fiabilidad mecánica, la durabilidad del operador y la estética de la instalación; hoy, ese enfoque resulta claramente insuficiente. Y la entrada en vigor y consolidación de la UNE-EN 16005 ha terminado de situar a la puerta automática en el lugar que le corresponde: un sistema activo de seguridad para las personas.
Esta norma no nace para complicar el trabajo del instalador ni para generar cargas documentales innecesarias. En su lugar, surge como respuesta a una realidad incuestionable: una puerta automática es una máquina en movimiento que interactúa directamente con usuarios no formados, en entornos muchas veces imprevisibles. La seguridad, por tanto, no puede depender de la buena intención ni de la experiencia acumulada; debe estar diseñada, verificada y documentada.
En auditorías técnicas y revisiones de conformidad, los mismos problemas se repiten con una frecuencia preocupante. Evaluaciones de riesgos genéricas, dispositivos de seguridad mal ubicados, parámetros de fuerza sin justificar, ausencia de evidencias de ensayo o expedientes técnicos incompletos. No se trata de errores aislados, sino de una falta de criterio común sobre qué exige realmente la UNE-EN 16005 y cómo debe aplicarse en una nueva instalación.
Documentar el cumplimiento normativo no consiste en archivar manuales del fabricante o entregar una declaración de conformidad estándar. Implica demostrar, con hechos verificables, que cada riesgo identificado ha sido tratado de forma coherente con el diseño de la puerta, su entorno y el uso previsto. Cuando esto no se hace correctamente, la instalación queda expuesta desde el primer día, tanto desde el punto de vista de la seguridad como de la responsabilidad legal.
Los errores más frecuentes en puertas peatonales automáticas no suelen estar en la tecnología empleada, sino en la interpretación de la norma: pensar que un sensor cubre cualquier riesgo, asumir que una configuración de fábrica es válida para todos los entornos, o creer que la puesta en marcha sustituye a la verificación normativa. La UNE-EN 16005 exige algo más: criterio técnico, trazabilidad y coherencia.
El punto de partida: entender el alcance real de la UNE-EN 16005
Profundizando en ella, se puede observar cómo la UNE-EN 16005 es una norma armonizada que establece los requisitos de seguridad en el uso de puertas peatonales motorizadas. Abordando la puerta automática como un conjunto funcional, integrado por la hoja, el operador, los dispositivos de protección, el sistema de control y el entorno de instalación, y entendiendo que la seguridad depende de la correcta interacción de todos estos elementos.
En este sentido, uno de los errores conceptuales más habituales es abordar la norma como si fuera un simple checklist técnico. La realidad es que su estructura responde a una lógica muy clara: identificar peligros, evaluar riesgos y aplicar medidas de protección adecuadas en función del uso previsto. La puerta no se evalúa en abstracto, se evalúa en su contexto real; así como los procedimientos que debe seguir el fabricante para declarar la conformidad del producto con las Directivas/reglamentos europeos procedentes.
En el caso de nuevas instalaciones, la responsabilidad de realizar la evaluación de conformidad y de garantizar el cumplimiento de la UNE-EN 16005 recae en el fabricante que pone la puerta automática en el mercado. No basta con que los componentes individuales cumplan sus respectivas normas de producto: la norma exige que el conjunto —tal y como se comercializa— funcione de forma segura una vez instalado, ajustado y configurado conforme a las instrucciones del fabricante. Un enfoque que obliga al fabricante a adoptar decisiones técnicas fundamentadas desde la fase de diseño y definición del producto. Aspectos como la ubicación de los sensores, la tecnología empleada, los límites de fuerza o la delimitación de las zonas de detección forman parte de la concepción de seguridad del producto y no pueden abordarse como meras decisiones comerciales.
El instalador, por su parte, ha de actuar conforme a las instrucciones y especificaciones del fabricante, limitándose a la correcta instalación del producto. Únicamente en aquellos casos en los que una empresa adquiere componentes por separado y los integra en una solución que pone en el mercado, deja de actuar como instalador para asumir, a todos los efectos, el papel de fabricante.
Requisitos esenciales de seguridad: del papel a la realidad
La norma identifica una serie de zonas peligrosas asociadas al movimiento de la puerta: aplastamiento, cizallamiento, impacto y arrastre. Cada una de ellas debe ser tratada con una medida de protección eficaz, ya sea mediante diseño inherente, resguardos o dispositivos de protección activos.
Aquí aparece uno de los puntos más críticos en auditoría: la coherencia entre riesgo y solución aplicada. No todas las puertas requieren los mismos dispositivos, pero todas deben justificar por qué los riesgos están controlados. Un sensor volumétrico mal orientado o una cortina de infrarrojos con zonas muertas no cumplen su función, aunque estén físicamente instalados.
La limitación de fuerzas es otro aspecto especialmente sensible. La UNE-EN 16005 establece valores máximos y procedimientos de ensayo que no admiten interpretaciones laxas. Medir fuerzas no es una formalidad; es una evidencia objetiva de que la puerta puede interactuar con una persona sin causarle daño.
Cuando estos ensayos no se realizan, o se hacen sin criterio, la instalación queda técnicamente indefendible. En caso de incidente, la ausencia de datos medidos y registrados se convierte en un problema grave para todos los agentes implicados.
Auditorías y puntos conflictivos: donde el sector tropieza una y otra vez
Las auditorías técnicas ponen de manifiesto patrones claros. Evaluaciones de riesgos copiadas de otros expedientes, sin referencia al entorno real. Planos inexistentes o desactualizados. Declaraciones de conformidad que no identifican la puerta concreta instalada. Manuales entregados al usuario final sin adaptación a la instalación específica.
Otro punto recurrente es la falta de trazabilidad. No se documenta quién ha realizado los ajustes, con qué criterios ni en qué fecha. La UNE-EN 16005 no exige burocracia, exige responsabilidad técnica. Cuando esa responsabilidad no queda reflejada por escrito, la instalación pierde valor profesional.
Estos conflictos no se resuelven con más papeles, se resuelven con mejor criterio técnico y con procedimientos claros, compartidos por todo el sector.
Documentar el cumplimiento: proteger la instalación y al profesional
Un expediente técnico bien construido cuenta una historia lógica: describe la puerta, analiza los riesgos, explica las soluciones adoptadas y aporta evidencias verificables. No es un archivo muerto, es una herramienta de defensa técnica.
Documentar correctamente significa incluir esquemas de zonas protegidas, registros de ensayo de fuerzas, configuración de parámetros relevantes y una evaluación de riesgos específica. Este enfoque no solo cumple la norma, eleva el nivel profesional del sector y genera confianza en el cliente final.
Errores frecuentes en puertas peatonales automáticas
Muchos de los problemas detectados no responden a mala fe, sino a inercias históricas. Confiar en configuraciones estándar, asumir que “siempre se ha hecho así” o delegar toda la responsabilidad en el fabricante son prácticas que la UNE-EN 16005 ha dejado obsoletas.
Cada instalación es única. Ignorar esta premisa es el origen de la mayoría de no conformidades.
Unificar criterios: el papel de AEPA como espacio de consenso técnico
En definitiva, es evidente que el sector necesita un lenguaje común, criterios compartidos y una interpretación alineada de la norma. En este contexto, AEPA desempeña un papel esencial como punto de encuentro y referente técnico, no como entidad prescriptora, sino como facilitadora del conocimiento, la formación y la generación de consenso.
Cuando el sector trabaja bajo un marco interpretativo compartido, la norma deja de percibirse como una imposición o una amenaza y pasa a ser lo que realmente es: una herramienta para dignificar el oficio, mejorar la seguridad y reforzar la posición del sector frente a clientes, administraciones y aseguradoras.
La UNE-EN 16005 no es el final del camino, sino el hilo conductor que permite construir un relato coherente: el de un sector maduro, responsable y técnicamente sólido. AEPA lleva años contribuyendo a ese proceso desde la colaboración y el rigor técnico. El reto ahora es que todos lo hagamos nuestro.



